
Hoy me he descubierto recordando cuanto cambian las circunstancias y las personas con el pasar del tiempo. Me he asomado tímidamente a mi memoria y al recuerdo de mi infancia. Aquellos años en los que lo más importante era jugar horas y horas con mis amigos en la calle del pueblo, disfrutar de nuestras escapadas a los pueblos de alrededor y luchar contra las otras pandillas para mantener el honor de nuestro grupo "El comando patos salvajes" (por una peli antigua que vimos un día en el viejo televisor verde sincamil que había en casa). Cuando lo más sabroso del mundo era nuestro bocata de chocolate (nunca fuimos de nocilla) con sus cuadraditos bien duros, crunch!o los de miel, esa miel que nunca más he vuelto a probar otra igual y que comprábamos al forestal del Alto Tajo. ¡Que buena estaba! Como nos entreteníamos metiendo la lengua en cada uno de los agujeritos del panal que nos daba.
Cuando era pequeña solo pensaba en mis batallas, mis amigos, jugar y bailar, siempre decía que me llamaba Conan la barbara bailarina de ballet (en fin, siempre he estado algo locuela). En aquella época yo veía a las chicas más mayores de la clase avanzada de ballet tontear con los chicos y hablar en los vestuarios sobre si ese o aquel le había dicho tal o cual o de si se habían mirado y bla bla bla y no las entendía; pensaba que idiotas son! ¿Chicos? ¿cómo podían darles tanta importancia? a los chicos lo único que se les podía hacer era pegarles (es que era brutota a pesar de hacer ballet) o como mucho intentar que jugaran contigo pero desde luego no eran tan importantes como para hablar tanto sobre ellos. Siempre me había aventurado a pensar que de mayor seria una bailarina retirada que se dedicaría a escribir novelas y que viviría en la montaña rodeada de animales pero sin nadie porque, para que iba a necesitar a un hombre? Pero claro llegó el día en que me enamoré y entonces empecé a comprender a las otras chicas más mayores. Que rabia me dio! Tener que admitir que yo también era así y que no era única. Sulfuró mi ego.
Y la vida sigue, cambia pero es cíclica. Hay veces que crees que nunca más sucederá algo, que nunca más harás tal o cual cosa, o que no tienes opción de esto o de lo otro, pero al cabo de un tiempo las cosas cambian, las personas cambian, pero todo sigue ahí. La vida sigue con nosotros o sin ellos. Y ahora, no puedo evitar sonreír al "espiar" inocentemente tras una puerta a los niños que juegan en un pueblo cualquiera y pensar para mis adentros que bonito es saber disfrutar cada instante aunque con el paso del tiempo la percepción de ese instante va variando.
Y todo esto en realidad venia por otra cosa, que ya os contaré, simplemente reencuentros del pasado. Y que curioso se me hace cuando las tornas cambian.
en fin,
otro día más y mejor.
Fotografía: Jaime Castellana
1 comentario:
hola! gracias por tu comentario en mi blog.
nos leemos, abrazos
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